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maquinita

 

Hasta hace menos de doscientos años nadie escogía realmente a su pareja. Te juntabas con una vecina porque era la única que conocías en kilómetros, la única que te hacía caso, o la que te podías “robar”. O si tenías buena posición te casabas por contratos comerciales o políticos.

Pero todo cambió con las telecomunicaciones y el transporte, hoy en día conocemos a un montón de gente y podemos movernos a todo el mundo, las opciones aumentaron dramáticamente. Ahora que si podemos elegir a nuestra pareja… no tenemos mucha idea de cómo ni para qué.

 

Una creencia muy común es que la pareja es para que te haga feliz, pero no va por ahí. La felicidad es una responsabilidad personal e intransferible que tiene que ver con saber quién eres. Nadie que no seas tú puede acercarte a la felicidad.

 

¿Entonces? ¡Ah pues para formar una familia! Habrá quien pueda pensar así. Algo hay de eso, pues aunque una pareja no tenga hijos técnicamente es un núcleo donde el uno cuenta con el otro para afrontar la vida. Aquí la palabra clave es compartir.

 

Lo ideal es compartir visión, estilo de vida y cotidianidad con alguien que ya sepa ser feliz… o al menos este comprometido con aprender, porque es menuda tarea y no se logra sola.

Emparejarte implica sobre todo amistad, trabajo individual y compartido, además de disfrute, enamoramiento y chocolates en 14 de febrero. Feliz día del Amor y la Amistad.

     
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